El futuro de las familias

El futuro de las familias

Paul Corcuera

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Una familia no es un mero domicilio para comer y dormir. La familia auténtica está tejida de vínculos amorosos entre quienes comparten la misma carne y sangre.  Comparten sus cuerpos masculino y femenino, los esposos. Comparten la genealogía de carne y sangre, los hijos engendrados por sus padres.

¿Dónde? Donde sus amores transforman un espacio y unos tiempos en hogar. En su “seno”, en sus espacios y tiempos, los esposos, los padres e hijos viven aquel especial tipo de compañía, confianza y apoyo que brota del amor entre los de la misma carne y sangre. De tal amor surge y se irradia un extraordinario y exclusivo universo de vínculos, afectos, sentimientos, que tejen una historia en común. Sin familias que se aman, la humanidad no conocería, ya desde la cuna, la acogida incondicional a cada persona y el apoyo para toda la vida.

Fragmento Original

“Si los padres son como los fundamentos de la casa, los hijos son como las «piedras vivas» de la familia” (La alegría del amor, n. 14)

Comentario

Los hijos representan el futuro de cualquier familia, de cualquier sociedad, que se precie de ser verdaderamente humana. En ellos está el dinamismo, la vitalidad, la esperanza. Al mismo tiempo, tienen la necesidad de apoyarse en nosotros, como padres, para no desorientarse. Y el mejor ejemplo que podemos darles está en el orden de nuestros amores, dándoles el tiempo, el cariño, el consejo y la fortaleza que necesitan.

No nos lamentaremos nunca de haber estado a su lado… en cualquier circunstancia, en particular en las difíciles. Padres y madres prueban su especial y exclusivo amor, no sólo en la bonanza de la vida de sus hijos, sino cuando “se nos hacen como el hijo pródigo”. Es entonces cuando, por amor y desde tal amor, padres y madres vencen el dolor, los desagradecimientos, las decepciones y los desánimos, surgiéndoles adentro la fiel esperanza, la paciente fe, la ayuda incondicional, la tierna acogida, la misericordia que da la mano y levanta al caído… Esta es la experiencia de la paternidad y la maternidad profunda en el corazón y la probada por la vida.

Cuanto mayor es la misericordia, el apoyo, el respetuoso y lúcido consejo, la ayuda y la compañía, o la enseñanza vivida del perdón hacia los hijos en dificultades, los padres más se parecen a Dios, que es la fuente de toda paternidad, es infinitamente misericordioso por amoroso, y sale cada mañana con la fiel esperanza de abrazar al hijo que vuelve.

Si Dios tiene esa dolorosa y, a la vez, esperanzada experiencia y nos la cuenta en la parábola del hijo pródigo, parece altamente explicable y hasta “normal” que los padres también la tengamos con algún hijo.

Temáticas: Familia