No fiscalizar ni condenar

No fiscalizar ni condenar

Rosario García Naranjo

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La paciencia, en familia, no es apoltronarse, quieto, para soportar a los demás. No es reprimirse el regañarles con fuerza a cada cual. La paciencia es quererles más allá del aquí y ahora, darles su espacio y tiempo en vez del mío, amarles más a ellos que a mis cansancios. La paciencia hace mirar con paz, sin irritaciones. Por eso la paciencia es mucha acción: poda hacia uno mismo e inspiración creativa para los demás.

Fragmento Original

“Así, Pablo quiere aclarar que la “paciencia” nombrada en primer lugar no es una postura totalmente pasiva, sino que está acompañada por una actividad, por una reacción dinámica y creativa ante los demás. Indica que el amor beneficia y promueve a los demás. Por eso se traduce como “servicial” (La alegría del amor, n.93)

Comentario

Ana Luisa es la hermana menor de la casa. Sus dos hermanas mayores saben que es generosa y dulce y siempre “toman prestada su ropa” y sus cosas sin pedírselas. Cuando Ana Luisa se entera, mira a sus hermanas algo seria y no dice nada más. Pero a veces, por algo sin importancia, pelea con sus hermanas con dureza. Cuando Ana Luisa se molesta, sus hermanas no le hacen caso, dicen que ella es la “paciencia en persona” y bromean sobre eso. Pues sus hermanas están equivocadas … y Ana Luisa también. En toda convivencia íntima, y la familia lo es, las personas se rozan, tienen limitaciones, no son perfectas.  Necesitan, si se aman, tenerse paciencia. ¿Por qué?

Porque la paciencia es una forma del amor, una manera concreta del darse y del acogerse. La paciencia no es pasiva, no es “aguantar”. “Aguantar” puede equivaler solamente a aquel reprimirse de quien, perdida toda esperanza de que los demás mejoren, piensa que todo es inútil y no le queda otro remedio que, amargado, tragar saliva.

La paciencia apunta más bien a la acción, es optimista. Es el esfuerzo por comprender para aceptar a los demás. Ellos tienen su forma de ser, sus tiempos para mejorar y madurar. Nosotros no somos sus fiscales ni verdugos.  Ser pacientes implica salir del propio ensimismamiento. Abrirse a la peculiaridad del otro y asumirla con cariño.  La paciencia promueve una actitud de servicio, un imaginar, sin perezas ni enfados, cómo podemos ayudarles a ser mejores.  Ayuda sin resentimientos, sin reproches, sin andar de perfectos. La paciencia en el amor es correspondencia: se paciente con quienes tienen paciencia contigo. No los desesperes.

Temáticas: Paciencia