Para aprender a conversar, debemos escuchar primero

Para aprender a conversar, debemos escuchar primero

Rosario García Naranjo

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Por supuesto que sabes hablar… ¿y escuchar? ¿Sabes conversar y dialogar?  ¿Alcanzar acuerdos?  Amarse es unirse más y mejor. Y esta unión crece mediante el diálogo, el encuentro y los consensos.  Se va muriendo si cada uno va por su lado.

Fragmento Original

“El diálogo es una forma privilegiada e indispensable de vivir, expresar y madurar el amor en la vida matrimonial y familiar. Pero supone un largo y esforzado aprendizaje”. (La alegría del amor, n. 136)

Comentario

Ser dos como uno es un largo aprendizaje. Dura toda la vida, porque cada día y cada época traen escenarios nuevos. Por eso, cuanto antes, los que se aman, precisamente para mantener viva su unión, han de avanzar en el arte y la sabiduría del escucharse, conocer al otro en vez de amordazarle, concordar acuerdos, en vez de replicarse y estar en discordias. Ser una unión de amor y vida, la nuestra, es trascender la dualidad del tú y el yo. Y ese ascenso hay que trabajárselo entre ambos.

Marilú y Juan están disgustados. Luego hacen las paces y reconocen que el disgusto fue por una tontería. Marilú dice que mientras ella habla “en clave de sol”, Manuel habla en “clave de fa” o simplemente no la escucha o simplemente se queda callado, refunfuñando. Manuel dice que ella no deja de hablar, que interrumpe y que él se cansa de no poder terminar de decir lo que quería.  Al final, temen verse las caras, porque en vez de conversar, discuten.  Y conversar, como la propia palabra indica, es comunicar, converger, concordar, reunirse, lograr “ser-con”, en vez de cada cual por su lado.

Qué bien les vendría a Marilú y a Juan aprender a escucharse y dialogar: hablando uno a la vez, pensando antes de hablar, tratando de comprender lo que el otro le quiere decir y no pensando en la siguiente argumentación para replicarle y vencerle.  Tienen que practicar, eso no nace, sino que se aprende. Nace del hablarse con respeto, sin pretender imponerse, pero el dialogar requiere tiempo y esfuerzo por entregarme al otro escuchándole y comprendiéndole. La mejor motivación para ese trabajoso aprendizaje es el amor que nos tenemos, porque mantenerlo en vida y unirse cada día más exige diálogo y consensos.