El matrimonio encierra de forma misteriosa un sentido sobrenatural que lo llena de luz y de sentido, y nos coloca en una perspectiva de esperanza.
Fragmento Original
“…cada uno de los cónyuges es un instrumento de Dios para hacer crecer al otro… Cada matrimonio es una <<historia de salvación>>… Quizás la misión más grande de un hombre y una mujer en el amor sea esa, la de hacerse el uno al otro más hombre o más mujer.” (La alegría del amor, n. 221)
Comentario
Me parece hermosa esta imagen del matrimonio como una “historia de salvación”, en la que tanto esposo como esposa pueden ser el uno para el otro la unión íntima de amor y de vida, que Dios Trino les ha puesto en el camino para hacerlos crecer. ¿En qué? En ser más hombre y mujer, más marido y esposa, más padre y madre, más capaces de construir un hogar cálido, acogedor, lleno de compañía y ayuda.
En la unión conyugal, en cada una, late viva la imagen y semejanza de Dios Trino, de su infinita comunión de amor, de su fuerza y fuego, de su alegría y fecundidad en crear la vida.
Esta luz y fuerza no es fantasía sino realismo. Es el latido íntimo, verdadero y bueno de la belleza de la vida misma, de la recompensa de madurez y unión íntima que se esconde en afrontar juntos, amándose, las pruebas y las dificultades.
Da luz y fuerza para aceptar que el matrimonio no es fácil ni perfecto, porque lo conforman dos seres humanos frágiles y necesitados, pero con posibilidades de mejora. Donde el amor que se tienen el uno al otro les viene de una fuente inagotable y los impulsa a cumplir esa misión de acompañarse, con fiel y leal confianza, de ayudarse mutuamente, de esperar con paciencia que cada uno, por amor, saque lo mejor de sí.








