El matrimonio es un extraordinario regalo de Dios a la pareja humana

El matrimonio es un extraordinario regalo de Dios a la pareja humana

Carlos E. Guillén

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El matrimonio es un extraordinario regalo Dios a la pareja humana. En la unión conyugal entre el varón y la mujer puso Dios Trino la imagen y semejanza de su propia comunión de amor.

Fragmento Original

“«Es preciso afrontar todas estas situaciones de manera constructiva, tratando de transformarlas en oportunidad de camino hacia la plenitud del matrimonio y de la familia a la luz del Evangelio. Se trata de acogerlas y acompañarlas con paciencia y delicadeza». Es lo que hizo Jesús con la samaritana (cf. Jn 4,1-26): dirigió una palabra a su deseo de amor verdadero, para liberarla de todo lo que oscurecía su vida y conducirla a la alegría plena del Evangelio” (La alegría del amor, n. 294)

Comentario

Muchas parejas que están conviviendo o que tienen sólo el matrimonio civil, saben de hecho que se han quedado como “a mitad de camino” y, aunque lo han ido difiriendo, tienen la intención de llegar al sacramento.

Parte de ese itinerario es una correcta evaluación de la situación actual: ¿por qué no es suficiente? ¿qué hemos hecho mal? Sobre todo, esta última pregunta suele inquietarlos. Saben que tendrían que pedir perdón a Dios, pero no saben exactamente de qué. Sienten que no sería justo arrepentirse de haber decidido estar juntos, porque de hecho se aman. Menos todavía se arrepentirían de haber traído al mundo a sus hijos, aunque sea fuera del sacramento. ¿De qué me tengo que arrepentir? ¿De haber tenido relaciones sin estar casado? ¿De qué más?

Les da mucha tranquilidad saber que no tienen que arrepentirse de nada de lo bueno que hayan realizado en su vida en el tiempo que llevan juntos. Su amor, por ser amor, es bueno. Y su paternidad y maternidad, por serlo, son de suyo buenos. Pues todo amor y paternidad provienen en última instancia de Dios. A lo mejor han sido hasta ahora compañeros ejemplares y buenos padres. Han sabido amar. Habrá muchas cosas bien hechas, y de nada de eso hay que arrepentirse.

Los animo a pensar más bien, que eso que ellos han podido hacer bien con esfuerzo, y muchas otras cosas que han recibido como regalo, son dones de Dios, incluso ahora que aún no están casados. Si así les ha ido hasta ahora, que se imaginen cuánto mejor será con Dios. El uno para el otro, haciéndose una unión de amor, son un extraordinario regalo de Dios. Una imagen y semejanza del modo como se ama Dios Trino. Y los hijos otro tanto. Y muchas cosas más en su vida familiar. ¿Va a ser justo que todos esos regalos los reciban y luego den la espalda a Dios? ¿No deberían sentirse agradecidos y deseosos de cumplir completamente el designio de amor que Dios puso en el matrimonio verdadero? Quizás ignoran la joya que tienen entre las manos. ¿O se comportan como el niño que arrancha un valioso regalo, se va corriendo lejos del que se lo dio, lo descompone y luego tira sus piezas?