Un matrimonio, como cada cónyuge, vive a través de ciclos cronológicos y edades diferentes. Es parte de un amor maduro saber renovarse durante el camino. ¿Cómo? En aquello que pide profundizar la largueza del amor conyugal y su unidad en las nuevas circunstancias de cada etapa de la vida, en los cambios propios de la edad de los esposos, y en los sucesivos períodos de la familia. Hay que escucharse con renovado interés y con apertura y saber adoptar juntos los oportunos acuerdos.
Fragmento Original
“El camino implica pasar por distintas etapas que convocan a los esposos a donarse con generosidad: del impacto inicial, caracterizado por una atracción marcadamente sensible, se pasa a la necesidad del otro como parte de la propia vida. De allí se pasa al gusto de la pertenencia mutua, luego a la comprensión de la vida entera como un proyecto de los dos, a la capacidad de poner la felicidad de otro por encima de las propias necesidades, y al gozo de ver el propio matrimonio como un bien para la sociedad. La maduración del amor implica también aprender a “negociar”. No es una actitud interesada o un juego de tipo comercial, sino en definitiva un ejercicio del amor mutuo, porque esa negociación es un entrelazado de recíprocas ofrendas y renuncias para el bien de la familia. En cada etapa de la vida matrimonial hay que sentarse a volver a negociar acuerdos, de manera que no haya ganadores y perdedores, sino que los dos ganen. (…)” (La alegría del amor, n. 220)
Comentario
En el ámbito empresarial, y en el socio-económico en general, es usual atribuir el éxito a proyectos en los que ambas partes salen ganando; proyectos win to win, con propósitos que además se perfilan como duraderos.
Dos que se aman sabrán detenerse en las distintas etapas de su vida en común para “acordar recíprocas ilusiones, ofrendas y renuncias”, que, por amor, les conduzcan, y no los aparten, de esa síntesis matrimonial única que reclama cada etapa. Un proyecto matrimonial visto así, es un trabajo ineludible de dos, que, entre otros logros, les permitirá reconocerse como personas que comparten la felicidad de ver cómo los dos salen ganando, y de regocijarse juntos de su capacidad de haber hecho posible un proyecto de ganadores en un entorno marcadamente individualista y solitario.
No tengamos temor a ver así también el amor matrimonial; como un proyecto con un designio en el que ambos cónyuges ganan (conquistan objetivos comunes) si las cosas van bien. En cambio, descuidándose el uno del otro –y lo vemos con cierta frecuencia– como desconociendo que, si uno está mal, el otro acabará tan mal o peor.
Un defecto frecuente es la desatención hacia el otro (ni siquiera por desapego o falta de cariño), sino por descuido egoísta. Esta falta de esmero por poner al otro en el centro de su atención, sin tener conciencia de su enorme peligro, puede hacernos llegar al punto en que un esposo, por no ser cariñoso y expresivo con su mujer, de lugar a que ella piense que ya no la quiere como antes o lo suficiente. El problema se hará grave si ella acaba convencida de que ya no se la quiere.
Encontrar el eslabón perdido, necesario para dar paso, cada vez y siempre, a reencontrarse, disipar dudas y tinieblas, a la sanación, o a una siguiente etapa del proyecto matrimonial, exige aprender a dialogar a corazón abierto, poniendo de manifiesto ya no tan solo preocupaciones y enojos, sino expectativas y necesidades. Cada marido y cada mujer, según su personalidad y características, necesitan sentirse amados, reconocidos, estimados, necesarios al otro. El amor vive mal en la atmósfera de la indiferencia, las rutinas vacías, la desatención en el trato.
¡Conversar, conversar, conversar…! Los silencios, los miedos, la falta de confianza, son pasos de alejamiento y desunión. ¡¡¡Acogerse, acogerse…, acompañarse, acompañarse…!!! Negociar, tratar y pactar en común juntos y periódicamente las veces que haga falta. Anticipar y tener puestos los cinco sentidos en lo que el otro necesita es un ejercicio vital propio de excelentes, de dos que juntos están abocados a edificar y reconstruir la “vida viva” de su unión.











