El matrimonio no es sociedad de consumo

El matrimonio no es sociedad de consumo

Carlos E. Guillén

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¿Vas a casarte? No seas mariposa revoloteando cosas menudas. ¡Céntrate en lo importante!  ¡Vive a fondo lo esencial: la alianza conyugal y el convertirse en esposos! ¡Irradia el amor de tu matrimonio, que conmueva a familiares y amigos, que llene sus corazones de alegría y ganas de amar!

Fragmento Original

“La preparación próxima al matrimonio tiende a concentrarse en las invitaciones, la vestimenta, la fiesta y los innumerables detalles que consumen tanto el presupuesto como las energías y la alegría. Los novios llegan agobiados y agotados al casamiento, en lugar de dedicar las mejores fuerzas a prepararse como pareja para el gran paso que van a dar juntos. Esta mentalidad se refleja también en algunas uniones de hecho que nunca llegan al casamiento porque piensan en festejos demasiado costosos, en lugar de dar prioridad al amor mutuo y a su formalización ante los demás. Queridos novios: «Tened la valentía de ser diferentes, no os dejéis devorar por la sociedad del consumo y de la apariencia. Lo que importa es el amor que os une, fortalecido y santificado por la gracia. Vosotros sois capaces de optar por un festejo austero y sencillo, para colocar el amor por encima de todo». Los agentes de pastoral y la comunidad entera pueden ayudar a que esta prioridad se convierta en lo normal y no en la excepción.” (La alegría del amor, n. 212)

Comentario

Casarse siempre es motivo de fiesta. Pero nunca se cansará de repetir la Iglesia –porque es necesario repetirlo– que la fiesta no es lo más importante. Hay familias más grandes que otras y gente con muchos amigos, pero todo ha de vivirse con serena sensatez, sin histerias alocadas, desatendiendo las cosas importantes y ahogándose en las minucias. Tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas… ¿son de alguna utilidad?

No es el objetivo principal que “mi boda sea la boda del año”, “el acontecimiento social más importante de mi ciudad”, o “que sea mejor que la de…”. El Papa Francisco da un testimonio vivo de austeridad, es nuestro deber saber imitarlo. ¿Cómo puedo ser, en mi boda, más alegre y sobrio, menos frívolo y superficial?

Dando realce a lo más importante. Nos vamos a unir porque nos amamos hasta el punto de debernos ese amor y nuestra unión, en exclusiva fidelidad y de por vida.  Somos fundadores de una nueva familia, la nuestra. Celebramos esa nueva identidad: el ser esposos. ¡Claro que es alegría, emoción y fiesta grande!

La fiesta no debe opacar el que estamos fundando nuestra unión, que es un nuevo modo de ser y además sacramento. Esta unión de vida y amor, que funda el consentimiento matrimonial, no se resalta por adornar más la iglesia y por contratar al mejor coro. Se realza con las realidades internas que manifiestan la seriedad y verdad del proyecto de unión amorosa. Con el testimonio de los novios en su camino de preparación espiritual, en cómo involucran en este camino a sus padres, a los testigos, a los familiares y amigos…

Es todo un reto, para que lo importante luzca de verdad y el amor de los nuevos esposos, ya desde su boda, irradie su fuerza, su ejemplo y su alegría sobre las familias y los amigos.

Temáticas: Matrimonio