Una tarea para toda la vida

Una tarea para toda la vida

Rosario García Naranjo

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Sólo en las películas el matrimonio termina con la boda. En las vidas reales, comienza ese día. La fidelidad, la entrega y la acogida recíprocas, el amarse en familia, son sabiduría y artes –no de un sólo día-  que duran toda la vida.

Fragmento Original

“… no podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimulamos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar” (La alegría del amor, n. 89)

Comentario

Es el día del matrimonio de Diana y Federico. Ambos “sienten” que han vivido para este día y que, así como en los cuentos de hadas, termina la película con la celebración de la boda: la película de la princesa Diana y del príncipe Federico. Solamente en las películas, el matrimonio termina con la boda. En la vida real, el día de la boda es el comienzo del resto de la vida.

Algo semejante ocurre cuando se espera un hijo. Para los padres, el día del nacimiento del bebe marca el fin de la película –podemos titularla “El pequeño Federico”. Tanto el día del matrimonio como el día del nacimiento de un hijo, como tantos otros días en que ocurren sucesos esperados con ilusión, no constituyen la totalidad de la película. Son solamente “trailers”.

El que los cónyuges y los miembros de la familia se quieran no es solamente un hecho que se da por supuesto porque se casaron o porque nacieron en una familia. El amor familiar no es estático sino dinámico, es más bien una tarea para toda la vida. Es una tarea, en el sentido de que está llamado a crecer, a que cada uno trabaje para hacer crecer el amor. Cada día en la vida de un matrimonio y cada día en la vida de una familia son un “tráiler” de la película que se filma durante toda la vida. La fidelidad y la entrega recíproca entre los esposos y entre los miembros de la familia dependen de que seamos conscientes de esta tarea y que la vayamos desarrollando.

¿Cómo? En la vida diaria, a través de pequeños detalles de servicio de un cónyuge para el otro, de cada uno de los miembros de la familia para cada uno de los demás. Esto nos exige pensar y concretar. Pensar cómo voy yo hoy a querer más a mi cónyuge, en cómo yo hoy voy a querer más a mis hijos, a mis hermanos o a otros familiares. Hay que imaginar actos concretos que les demuestren mi cariño. ¡Y hacerlos!

Temáticas: Matrimonio