Amor de padres

Amor de padres

Rosario García Naranjo

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El amor del padre y de la madre por un hijo difícil puede alcanzar niveles heroicos. No es suceso exótico. Ocurre todos los días, en todas partes. Son amores de gran sufrimiento, amores que, en su calvario, manifiestan la grandeza humana de un padre y una madre. Misterios dolorosos y gloriosos del amor.

Fragmento Original

“…podemos advertir en muchas familias una capacidad de servicio oblativo y tierno ante hijos difíciles e incluso desagradecidos. Esto hace de esos padres un signo del amor libre y desinteresado de Jesús”. (La alegría del amor, n. 162)

Comentario

Ellos eran una familia que tenía problemas menudos. Eran muy felices y eso era lo importante. Aparte tenían unos lindos hijos, buenos todos. Hasta que … uno de ellos, Luis de diecinueve años, habló con todos para comunicarles que se iba de la casa a vivir con su novia. De matrimonio, ni siquiera futuro, quería saber nada. De nada valieron los consejos. Conversó con sus padres, conversó con cada uno de sus hermanos. De nada sirvieron más que para que la situación se tornara más difícil. ¿Cómo se iban a imaginar que Luis se fuera? ¿Así “nomás”? Luis, el buen estudiante, el hijo alegre, servicial, cariñoso. ¿Qué le pasó?

Y este es un caso frecuente y no especialmente dramático. Los hay más duros y prolongados. Por ejemplo, la drogadicción severa, los divorcios conflictivos que dividen a las familias en tribus irreconciliables y privan a los niños de tener un hogar cálido, unido y en paz, etc. Los padres debemos tener claro –y enseñarlo con templanza y afecto– que una cosa es el amor y otra “tener la razón”. No por mucho que amemos a nuestros hijos, hay que darles la razón en todo lo que hacen. Y quitarles la razón y las excusas en sus malos pasos, no supone retirarles el amor y el afecto. Es más, saber mantener, incluso redoblado, el amor y el clima afectivo, será fundamental cuando hay que quitarles la razón, porque se equivocan en sus conductas y dan malos pasos que, por supuesto, no compartes en absoluto.

Hay situaciones en la vida en que los hijos pueden darnos sorpresas ingratas y no se dan cuenta, y persisten en su actitud. ¿Cómo vemos los padres a ese hijo? ¿Lo vemos diferente del resto, como “menos hijo”?  ¿nos alejamos de él? Para sus padres, Luis siguió siendo el mismo, siguió siendo “su hijo”, él mismo, no cambió el cariño para con él. Aunque no entendía, aunque se alejó, siguieron queriéndolo igual.