¿Quieres amar de verdad? Prepárate a sufrir por tus amados. ¿Por qué? Porque todo lo que les pasa, también penas e infortunios, a ti mismo te pasa, preocupa y duele.
Fragmento Original
“La alegría se renueva en el dolor” (La alegría del amor, n. 130)
Comentario
Quienes aman de verdad, son conscientes de haber sufrido y haber hecho sufrir a otros. Basta la evidencia cotidiana para darse cuenta. ¿Quién no ha llorado por amor? ¿Quién no ha dejado de comer o de dormir, tras una separación, una ruptura, una discusión? ¿A quién, si ama, no le desvelan los problemas de sus seres queridos?
Además, el dolor que produce el amor no correspondido, o el amor preocupado, o el amor de impotencia ante una enfermedad grave del ser amado… nos golpea de tal manera que no encontramos forma de expresarlo. Me viene a la memoria un poema de mi padre ante la muerte de un ser cercano:
“Se curva, se retuerce el alfabeto,
y maldice al sentirse inexpresado.
Cuántas vivencias encuentra el pensamiento
que ni siquiera existen en vocablo.”
Es necesario, para madurar nuestros amores, entender que los sufrimientos por amor no son amarguras destructivas. Tienen el poder de hacernos mejores, de construirnos, de experimentar aquella paz interior y aquella esperanzada fortaleza que el Papa Francisco llama la “alegría del amor”.
La experiencia que tenemos los esposos veteranos es que, al paso de los años, pueden olvidarse de los momentos difíciles y duros de la relación, cuando ambos, marido y mujer, han logrado compartirlos juntos, evitando que las tormentas sean ocasión para que la tripulación se pelee, echándose las culpas uno al otro. Cuando el mar de la vida se ha capeado juntos, una alegría de fondo refresca los recuerdos, aviva los momentos gratos, ilumina pasado y futuro.
Se ha dicho que la alegría del amor tiene su raíz en forma de cruz. De acuerdo, en un matrimonio veterano hemos aprendido a llevarla entre los dos.






