Fecundidad del amor

Fecundidad del amor

Mariana Stevenazzi

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Fecundidad y poder de vivificar son lo mismo.  El amor conyugal posee esa fecundidad. Un poder de engendrar, vivificar, irradiar y resucitar. Da vida a los amores que conviven en una familia: esposos, padres, hijos, hermanos, abuelos, nietos, amigos. Irradia a los amigos, al entorno, a la entera sociedad.

Fragmento Original

“Las familias numerosas son una alegría para la Iglesia. En ellas, el amor expresa su fecundidad generosa”. (La alegría del amor, n. 167)

Comentario

Una de mis primas tiene diez hijos. Algo muy osado para cualquier época, más aún en los tiempos que corren. Es una alegría enorme cuando logramos reunirnos con ellos. Padres e hijos irradian una luz muy especial. Son un testimonio vivo de generosidad y de cómo el amor, en lugar de repartirse y dividirse con la llegada de cada integrante, se multiplica, se expande y reúne. No es cosa fácil, pero sí buena y gloriosa.

Las familias numerosas son una manifestación real y concreta de la fecundidad del amor. Desde luego esa fecundidad comprende engendrar nuevas vidas, criarlas y educarlas, darles un hogar cálido y amoroso.  Pero la fecundidad del amor no acaba en los hijos, pese a que ser padres dura hasta la muerte por ancianidad.

Hace crecer a sus personas, más capaces de amar y ser amados. Vivifica sus virtudes, las somete a prueba, las hace reales y más humanas. Les sostiene el latido de esos amores, no una temporada, sino toda la vida. Las madura para, otra vez y en su edad oportuna, dar vida a nuevas familias, hacer crecer nuevamente los amores que duran toda la vida.

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