Nuestra condición sexuada masculina o femenina tiene significado personal, porque comunica la intimidad de la persona y la manifiesta. Tiene potencia de fecundidad, porque puede engendrar sus propios hijos.
Fragmento Original
“… todo ser humano <<debe aprender con perseverancia y coherencia lo que es el significado del cuerpo>>. La sexualidad no es un recurso para gratificar o entretener, ya que es un lenguaje interpersonal donde el otro es tomado en serio, con su sagrado e inviolable valor.” (La alegría del amor, n. 151)
Comentario
Somos testigos de cómo los medios de comunicación tratan el tema de la sexualidad de forma equivocada. Nosotros podemos caer también en dos extremos igualmente erróneos: uno es el puritanismo que coloca la dimensión sexual de la persona como un aspecto negativo y vergonzoso del que se debe evitar hablar. El otro error es la trivialidad lúdica, en la que se banaliza la sexualidad humana al punto de tomarla como un juego, o como un usarse y tirarse consumista, hablando de ella en doble sentido, con sarcasmos y bromas de dudoso gusto, bajo las cuales muchas veces no se esconde otra cosa que la codicia de los cuerpos para el propio placer.
Al intentar hablar con naturalidad de este tema a otros jóvenes, he notado su sorpresa y asombro porque tienen muy implantada en la cabeza la idea de que es un tabú o de que se trata únicamente de sexo, de lo que hablan las canciones de moda o lo que ven en las series de TV y en el cine.
Proponer la grandeza de la sexualidad humana es explicar bien su significado personal y esposal, es decir, amoroso. El cuerpo humano es capaz de comunicar a la persona, a ese quien espiritual que cada uno somos, como don de sí y como acogida en sí. Entre varón y mujer, el don y la acogida recíprocos del cuerpo sexuado es una vía especial –un modo específico y exclusivo– de acceso a la unión humana más íntima entre sus personas: el ser comunión de amor, fiel y de por vida, capaz de procrear y educar a los propios hijos en el seno de hogar familiar.
Ninguna otra fórmula o alternativa sexual es tan integral y completa. Este descubrimiento no es querer volver a siglos pasados, ni decir que es algo malo, por el contrario, se trata de resaltar la auténtica belleza y riqueza de este valor.
De la misma forma que el vino no es un invento libre de los enólogos o del viticultor, al margen por completo de la tierra, la vid y los sarmientos, la climatología y la mejor estación para podar y para cosechar. Somos naturaleza, cultura y libertad. No una sola cosa y, encima, en contra de las demás dimensiones humanas. Debemos tenerlo muy en cuenta al tratar de la sexualidad humana. Ni se deben hacer experimentos gratuitos, ni afirmaciones en el aire, ni imposiciones ideológicas. Hay que conocer y respetar nuestra propia naturaleza. El precio de no hacerlo son profundos dramas humanos.
Conviene dialogar sobre sexualidad con nuestros jóvenes, en casa y también en las instituciones educativas, sin caer en tabúes ni morbos, sino presentándola como lo que es, aquella dimensión natural del hombre que debe ser vivida con la dignidad y respeto propio de la persona humana y no del animal.
Es muy atractivo presentar la sexualidad en términos de lenguaje del cuerpo masculino y femenino, como la forma no verbal de expresar la fascinante capacidad para el don de sí y la acogida en sí -una entrega, una aceptación y una correspondencia recíprocas, enteras y sinceras- que hay entre varón y mujer.





