Crear y conservar la confianza

Crear y conservar la confianza

Rosario García Naranjo

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Sé padre y madre. No fiscal y verdugo.

La confianza en familia nace y crece mediante la apertura personal y la acogida sincera entre los esposos, los padres e hijos, los hermanos. Unos y otros se saben en la mejor mano. Las de quienes les aman incondicionalmente.

Fragmento Original

“Una familia donde reina una básica y cariñosa confianza, y donde siempre se vuelve a confiar, a pesar de todo, permite que brote la verdadera identidad de sus miembros, y hace que espontáneamente se rechacen el engaño, la falsedad o la mentira”. (La alegría del amor, n.115)

Comentario

En la consulta una persona me decía: “mis hijas sabían que lo que ellas nos decían, para nosotros era la verdad, sin más, no necesitábamos pruebas. Un día, una de ellas dijo que iba a casa de una amiga, pero en realidad fue con un grupo a una discoteca. Al regresar, la veíamos callada. No tardó en pedir hablar con nosotros para decirnos que se sentía muy mal por haber desobedecido, pero sobre todo por habernos mentido”. Quién miente, abre una puerta a la desconfianza, que es un alejamiento interior, una ocultación íntima. Cuando se sincera, pese al error o la mentira, vuelve a cerrar esa peligrosa puerta. Rehace la confianza. ¡Ojalá que, con una vez, en vez de mil, haya aprendido la gran lección!: la confianza exige ser veraz y la mentira mata la confianza, aún antes de ser descubierta, porque aleja al que ha de ocultar.

Cuando los hijos ven que sus padres confían en ellos, sienten la necesidad de ser sinceros, pierden el miedo a decir la verdad, de mostrarse tal como son y de decir las cosas como las piensan. De nada vale desconfiar, ni escandalizarse. Y mucho menos, creer que el gran remedio es el castigo. Es una necedad “castigar” el mal paso que se te ha confesado de verdad y en confianza. Si castigas te expones a provocar el miedo a decirte la verdad y a confiar en ti. No generes hipócritas y simuladores en tus hijos.

Hay mil remedios a un mal paso, si te inspiras en las luces del amor y en aprovechar la ocasión, no para infundir miedo, sino para aumentar la confianza y ayudar a mejorar a un hijo. No hagas que odien el bien. No seas un fiscal y un verdugo. Sé padre o madre. La desconfianza de los padres lleva a que los hijos se comporten “artificialmente”, como interpretando un papel en el teatro, el papel que saben que no será reprochado por sus padres. Y por esta senda, se vuelven falsos, hipócritas, temerosos y desconfiados. Por el contrario, si creas y conservas la confianza, ya no hay base para los miedos, y los hijos nos harán participes de sus errores, tarde o temprano. Sabrán que los primeros en ayudarles a mejorar son sus padres. Y recuerda, el tiempo de cosechar frutos no es el de la siembra. Si amas, aprende a esperar.

Temáticas: Confianza