¡Soy un nuevo tipo de huérfano: ¡tengo padre y madre, pero nunca están en casa!
Fragmento Original
“El sentimiento de orfandad que viven hoy muchos niños y jóvenes es más profundo de lo que pensamos” (La alegría del amor, n. 173)
Comentario
A veces me encuentro con universitarios que, a esas alturas de la vida, es la primera vez que hablan con alguien de “sus cosas”. Antes nunca lo habían hecho. No han encontrado un amigo o amiga con quien abrirse confiadamente. Pregunto: “¿Y tus padres?” Me responden: “No tengo la confianza para contarles mis cosas”. Terrible soledad y desamparo del hijo. Hoy hay muchos huérfanos…, algunos con padre y madre en casa.
¿Por qué hay hijos sin la confianza para dirigirse a su papá o a su mamá? Algunas posibilidades: No suelen estar en casa. No conocen a sus hijos. Les gritarían. Porque nunca les dan la razón o según ellos nunca hacen nada bien. Porque son buenos estudiantes y a los buenos estudiantes “nunca les pasa nada”. Porque hay otros hermanos que tienen problemas y este de aquí se siente con “el deber de no tener ningún problema” de cara a sus padres. O cualquier otra razón. El hecho es que falta confianza, falta presencia cercana, y sobra soledad.
Si quieres ser buen padre y madre trata a cada hijo como si fuera hijo único. Los hijos no son ganados ni rebaños. Cada uno es una persona única, singular, diferente, con sus propios problemas y soledades, que necesita un amor personalizado.
Ser padre y madres es ser presencia y convivencia con los hijos. Es estar en cuerpo y alma en casa, ganarse la confianza, crear la confidencia y sostener la comunicación, dar seguridad. Es construirles un hogar unido y cálido. Hacerles experimentar la fidelidad y su perseverante constancia. Es grabar adentro de cada hijo, con verdad auténtica, esta voz amorosa: “¡Soy yo, –tu padre, tu madre– aquí estoy, aquí me tienes, siempre, incondicionalmente!”





