¿Qué somos ante las fracturas de un matrimonio? Médicos y enfermeros siempre. Verdugos y enterradores, jamás. Quien ama, atiende para sanar. No condena, no abandona, no remata a los heridos.
Fragmento Original
“Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas.” (La alegría del amor, n. 307)
Comentario
En la sociedad actual hay esfuerzo y complicidad por defender a las minorías, los “derechos” de los débiles y marginados. Desde luego que hay que ayudar a todas las personas que han fallado, con la caridad que caracteriza a los cristianos.
Pero la gran mayoría de matrimonios enfrentan problemas cada día, luchando, a veces demasiado solos, en la consolidación de su vida conyugal y familiar. Ellos necesitan de manera particular una ayuda por parte de quienes puedan estar más próximos a ellos.
Un matrimonio que supera las pruebas del tiempo y no fracasa es un bien para sus hijos, para sus familias y para toda la sociedad. Por eso hay que preservarlos, ayudarles en concreto, y comprometerse a ello como con la niña de nuestros ojos.





