Los tiempos y los espacios en los que convives con tus hijos son tu mejor regalo de padre y de madre. Más aún, si los hijos los ven unidos, cálidos y amorosos. Es una perversión maligna pensar que con tus hijos “pierdes” el tiempo.
Fragmento Original
…Todo niño tiene derecho a recibir el amor de una madre y de un padre, ambos necesarios para su maduración integra y armoniosa. Como dijeron los Obispos de Australia, ambos “contribuyen, cada uno de una manera distinta, a la crianza de un niño. Respetar la dignidad de un niño significa afirmar su necesidad y derecho natural a una madre y a un padre” … (La alegría del amor. n. 172)
Comentario
Siempre somos padres. Por muchos años que tengamos. Siempre tienen nuestros hijos necesidad de sus padres. En cada edad, de forma muy diferente, su presencia, su amor y su consejo, aunque parezcan leves y muy respetuosos, son compañía profunda, insustituible. Pero esta presencia y compañía de los padres se siembra conviviendo con los hijos cuando son niños, crecen y maduran.
Estoy de acuerdo con el aviso de Bárbara Jhonson: “Para estar en los recuerdos de tus hijos el día de mañana, es necesario que estés presente en sus vidas el día de hoy”.
Es cierto que no es fácil ser padres, pero es inconcebible ver como aumenta el porcentaje de hijos “abandonados física y moralmente” por sus padres. En consultoría escucho constantemente estas frases: “no conozco a mi padre, abandonó a mamá cuando estaba en su vientre”; “cada uno de mis padres tiene un segundo compromiso, vivo con mis abuelos”; “no veo todo el día a papá y mamá, llegan tarde del trabajo”; “mamá no sabe ni en que ciclo estoy, solo se limita a pagar la pensión ”; “salí con papá a cenar y nos fue muy difícil entablar un diálogo, no teníamos tema de conversación”; “mi casa es un caos, todos gritan y se insultan, no hay control de nada ni de nadie”; “nunca almorzamos o cenamos juntos, cada uno lo hace a la hora que desea y en el lugar que desea”; “papá y mamá viven en la misma casa pero cada uno lleva su vida por separado”…
¿Qué hacer? No hay recetas mágicas para la salud de la familia. La presencia amorosa en lo cotidiano y los pequeños detalles es lo más importante. Mi experiencia en consulta es la siguiente: no solo resuelvan los problemas a sus hijos, sobre todo, averigüen como se sienten; involúcrense más en la vida de cada uno de ellos, compartan actividades en su tiempo libre; dialoguen cuando hay problemas, no solo castiguen; brinden confianza respetando y apreciando sus puntos de vista; reconcíliense pronto y no guarden rencores; coman juntos alrededor de la mesa; escúchenles y muestren interés por saber cómo le ha ido al otro durante el día; salgan de paseo, jueguen en un parque de diversiones, rían y disfruten de la mutua compañía. Hagan que sus hijos vean como sus padres se quieren mucho, bromean y se reconcilian después de una riña.





