La alegría familiar

La alegría familiar

Carlos E. Guillén

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Soy el fan number one de mi cónyuge. ¿Por qué?  Porque soy quien más le ama y aprecia. Si no, ¿quién lo va a ser?  ¿No sería algo necio dejarle ese lugar a un tercero?

Fragmento Original

“El verdadero amor valora los logros ajenos” (La alegría del amor, n. 95). “La familia debe ser siempre el lugar donde alguien, que logra algo bueno en la vida, sabe que allí lo van a celebrar con él” (La alegría del amor, n. 110).

Comentario

Cuando al marido o a la mujer les va bien en el trabajo, se lo reconocen, premian o lo ascienden, hasta lo celebran entre compañeros en el taller o la oficina. ¿No sería anormal y extraño –más bien una desilusión que decepciona– que los colegas se alegren más que el propio cónyuge y que nadie lo celebre en tu hogar?

No es una excusa aceptable –aunque es frecuente– que esto no emocione demasiado al otro cónyuge porque no se comprende exactamente en qué consiste la meta alcanzada; o que le pase desapercibido por olvido o desinterés.  En realidad, si queremos decir las cosas claras, sin eufemismos ni edulcorantes, esos “olvidos e ignorancias” son descuidos y desaires. Pueden ser defectos en el amor que se le debe al cónyuge que, si se convierten en un mal hábito, pueden causar mucho daño: decepciones, resentimientos y alejamiento.

Si amas estás al tanto de la vida de quien amas. Te alegras el primero con sus alegrías. Compartes el primero sus penas. No te engañes. Por tanto, eres el primero o la primera en alegrarte por sus triunfos y en celebrarlo en casa de la mejor manera posible. No te permitas la apatía, la indiferencia, y mucho menos menospreciar el mérito o premio conseguido.

Si no lo celebras tú, que eres su cónyuge, su más íntima compañía, ¿quién se lo va a celebrar? ¿A quién le dejas tu sitio?  No te lamentes de las malas yerbas –los distanciamientos, frialdades, resentimientos o las apariciones de otras personas– que tú has sembrado y abonado con tus descuidos.

Temáticas: Alegría de amar