Obras son amores

Obras son amores

Mariela García

EspañolEspañol | English English

¿Una política familiar justa? La que crea trabajo digno para padres y madres.

Fragmento Original

“El trabajo hace posible al mismo tiempo el desarrollo de la sociedad, el sostenimiento de la familia y también su estabilidad y fecundidad” (La alegría del amor, n. 24). “… se comprende que la desocupación y la precariedad laboral se transformen en sufrimiento… Es lo que la sociedad está viviendo trágicamente en muchos países, y esta ausencia de fuentes de trabajo afecta de diferente manera a la serenidad de las familias” (id. n. 25).

Comentario

Alguna vez, en algún congreso que congregaba a los más importantes empresarios del Perú, y que llevaba por título algo así como ética y empresa (parece que la alusión a la ética contribuye positivamente a ganar adeptos y asistentes) un experimentado colega inició su presentación con estas palabras: “agradezco la invitación a este importante acontecimiento y aquí en frente de todos ustedes no puedo resistirme a decirles paguen sueldos justos … y después si quieren continuemos hablando de ética”.

¿Eres un político, un empresario, un profesor universitario, una abogada o un médico, o un agente social influyente? Quizás debieras revisar ciertas contradicciones entre tu discurso y tus acciones. Proclamar que la familia es importante es insuficiente y la verdad solo teórica en los tiempos en que vivimos sirve de muy poco. Obras son amores.

Psiquiatras, educadores, padres y madres de familia, jóvenes, consejeros matrimoniales, hasta economistas concuerdan en que las desestructuraciones familiares causan grave daño social e incluso económico, pero al mismo tiempo dan por sentado que el aumento de beneficios empresariales amparado en una drástica reducción de costes bajo la lógica de menos salarios fijos y despidos, o empleos precarios, es el mejor mecanismo para crear riqueza. Culturas empresariales orientadas a las personas o las llamadas familiarmente responsables son en la práctica mundial aún escasas.

Varones y mujeres hoy en día hacen malabares para no descuidar (ya no digo cuidar con excelencia) a los suyos y educar con escaso tiempo a las generaciones del futuro. Junto a esto, el empleo –o el subempleo–, los niveles salariales poco acordes con la dignidad de una familia hacen heroico el esfuerzo y desalientan la vida matrimonial y la edificación de una familia, que decimos todos “es la célula de la sociedad” por sus beneficios insustituibles.

Sin querer, o queriendo probablemente, muchos contribuyen y refuerzan la visión del hijo como “carga/estorbo” para la empresa y para la familia. Sigue aún vigente también la primacía del criterio económico por sobre el resto, incluido el social y el antropológico.

¿Y tú quién eres? ¿Qué piensas y qué haces al respecto desde tu posición en la sociedad?

Temáticas: Trabajo y familia