¿Qué es la mirada materna? La que en cualquier situación negativa de un hijo concibe la vía de mejora. Es la mirada de la mujer que es seno de vida. La fe y la esperanza en la vida y en revivirla dan esa mirada al amor de las madres. Todos en familia, sobre todo los padres y hermanos, debemos aprender la mirada materna.
Fragmento Original
“Los Padres también han puesto la mirada en la situación particular de un matrimonio sólo civil o, salvadas las distancias, aun de una mera convivencia en la que “cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público, está connotada de afecto profundo, de responsabilidad por la prole, de capacidad de superar las pruebas, puede ser vista como una ocasión de acompañamiento en la evolución hacia el sacramento del matrimonio”. (La alegría del amor, n. 293)
Comentario
Amarse en pareja es un proceso con sus fases y tiempos. No todo lo óptimo se puede tener a tiempo cero y velocidad infinita, por completo y desde el primer segundo. Da tiempo al tiempo. Cuando se ama de verdad, el propio amor abre su hoja de ruta hacia lo mejor de sí mismo. La contribución de la mujer, como esposa, madre y abuela, al proceso de aprendizaje y realización de los amores familiares es absolutamente esencial, específica y decisiva. Ella es seno de vida y tiene adentro, por mujer, un sexto sentido de la intimidad de las personas y del hogar, de su calidez y ternuras, de su conservación en vidas vivas.
José e Hilda tienen veinte años de casados y seis hijos. Cuando se casaron lo hicieron por lo civil. En ese entonces ellos no daban ninguna importancia al matrimonio religioso, es más, dijeron que se casaban por lo civil únicamente por los hijos que vinieran. Quienes les conocen dicen que son una linda familia, que “cómo se quieren” y cómo se preocupan por sus hijos, son unos buenos padres. En estos veinte años han vivido situaciones difíciles que han afrontado con valentía y esperanza como la falta de trabajo de José durante tres años, el andar siempre corto de dinero, e incluso la muerte del padre de Hilda en un accidente automovilístico. El accidente ocurrió hace un año. Desde entonces se acercaron más a Dios, iban a Misa, incluso entre semana y participaron en un programa de acompañamiento durante el duelo que ofrecía la parroquia. Comprendieron que el matrimonio religioso no era una mera formalidad social o una tradición. En la misma parroquia acudieron a un servicio de consejería familiar. Decidieron abrir el pliego matrimonial y hace un mes contrajeron matrimonio religioso. Hilda comenta: “nunca es tarde. Felizmente nos dimos cuenta. Cuando éramos jóvenes no éramos conscientes del valor del sacramento. Ahora comenzamos una nueva etapa con mucha ilusión.”



