La familia en el designio de Dios

La familia en el designio de Dios

Rosario García Naranjo

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La Iglesia acompaña a las familias en los momentos felices, pero sobretodo en las dificultades. ¿La Iglesia?  Sí, la Iglesia que somos todos, no sólo los curas. Empezando por las propias familias con el ejemplo vivo de sus amores.

Fragmento Original

“… los matrimonios agradecen que los pastores les ofrezcan motivaciones para una valiente apuesta por un amor fuerte, capaz de hacer frente a todo lo que se le cruce por delante. La Iglesia quiere llegar a las familias con humilde comprensión, y su deseo es “acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino”. (La alegría del amor, n. 200)

Comentario

Somos los matrimonios como navíos en los océanos de la vida. Vienen tormentas. La tripulación se agota y se pelea. Pero nos hacemos marinos, esposos curtidos y veteranos, a base de navegar “juntos” todos los mares, sin irse a pique.

El matrimonio de Sandra y César pasó momentos difíciles cuando él consiguió trabajo fuera de la ciudad. Por cada mes, tres semanas estaba fuera y una semana con su familia. Sandra también trabajaba y además quedó con la responsabilidad de atender a los chicos. Estaba muy agobiada.  Cada vez que César llegaba discutían. La cosa se hizo tan habitual, que llegó un momento en que Sandra prefería que César no viniera. Cuando regresaba, ella se fastidiaba, como si prefiriera estar sola con sus hijos, como si César sobrase. Y el marido empezó a sentirse no querido, un extraño en su propio hogar.

A raíz de las discusiones, decidieron visitar al sacerdote que celebró su boda. El sacerdote estuvo abierto para escuchar los argumentos de los dos y, una vez conocido lo que estaba ocurriendo, consiguió a hacerles pensar, ver las cosas menos subjetivamente, más realística y conjuntamente. Les animó a revivir la ilusión por su matrimonio, les dijo que estaba convencido de que su amor era muy fuerte, tan arraigado adentro que era capaz de superar cualquier dificultad. Para no quedarse en simples palabras de ánimo, les sugirió alginas tareas concretas relacionadas con los problemas de incomunicación, distanciamientos y reproches mutuos. Poner tareas concretas, ajustadas al caso, y posibles resulta clave. La idea central es volverse a dar los tiempos y los espacios de comunicación que todo amor, más el conyugal, necesita para vivir “vivo”. Por ejemplo: comunicarse al día con César cuando estuviera fuera, el teléfono, un email, el WhatsApp; estar y salir juntos, incluso a solas, cuando César regresara a la ciudad; aprovechar esos tiempos y espacios para disfrutar, conversar, solucionar cosas juntos, no para pelearse.  César aceptó buscar trabajo en su ciudad. Lo consiguió.

El y Sandra están muy agradecidos con ese sacerdote porque les acompañó en ese momento difícil y les ayudó a reforzar su amor y su familia. El sacerdote se quitó el mérito de inmediato:” ¡son ustedes los protagonistas, los que se han rehecho, porque les quedaban dentro muchos rescoldos de su amor…, sólo necesitaban un empujón de afuera, alguien que les dijera que valía la pena!”.

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