El sí para toda nuestra vida

El sí para toda nuestra vida

Rosario García Naranjo

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El “para toda nuestra vida” -la indisolubilidad del matrimonio- es un supremo don: la entrega y la acogida enteras y sinceras entre quienes se aman sin reservas.

Por eso no es un yugo, que encadena, sino el sello de lo auténtico…, salvo para los que no se aman nada, para los que se aman más a sí mismos que a nadie, o para los que se aman sólo un poquito, una temporada.

Fragmento Original

“La indisolubilidad del matrimonio (…) no hay que entenderla ante todo como un “yugo” impuesto a los hombres sino como un “don” hecho a las personas unidas en matrimonio” (La alegría del amor, n. 62)

Comentario

Considerar la indisolubilidad del matrimonio como un yugo es una visión egoísta, débil y pesimista. Es enjuiciar el amor conyugal desde afuera de lo que es el amor auténtico, o desde una caricatura del amarse. Si vemos sólo nuestra comodidad, nuestra conveniencia, es claro que comprometernos a estar unidos a otra persona por toda la vida es temerario y un mal negocio: no sabemos qué nos pueda traer la vida y si el otro dejará de sernos útil. Tienes que querer mucho a tu amada /o para comprometerte con todo lo que será su futuro vital.  Sin un amor entero y sincero, ese compromiso definitivo parece a los “listos”, que solo miran sus intereses y provechos, una estupidez y una imprudencia.

Pero ¿qué clase de amor es aquel que, desde el principio, te dice: Si, pero no. ¿Sí, pero mientras me convengas y no me supongas imprevistos sacrificios, inconvenientes y abnegaciones… porque, antes que tú, estoy  yo y mi satisfacción?

¿Por qué es un amor endeble y frágil? Porque se rendirá cuando vengan dificultades cuyo vencimiento le suponga sacrificios y renuncias.

¿Por qué es pesimista? Porque no tiene fe, ni confianza, ni esperanza en el poder, cuando se ama con entrega entera y sincera, de conquistar cualquier futuro mediante el secreto de mantenerse unidos, crecer unidos, y curarse los cansancios y perdonarse las heridas. En realidad, no cree en el poder del amarse de verdad.

No cree en sí mismo, como amante y amado. No cree porque es pesimista. Porque teme el futuro. Lo ve con un halo oscuro, con una incertidumbre en la que sólo hay peligro, riesgos, infelicidad. Al no creer ni en sí mismo, dejamos de lado, sin captarlas y apreciarlas, las cosas buenas que el futuro pueda traer y las cosas desagradables como oportunidades para luchar y conseguir, venciéndolas juntos, que vengan otra vez cosas buenas. Y la mejor cosa buena entre quienes se aman es, por encima y debajo de lo bueno o malo que les ocurra, permanecer unidos, crecer juntos. Si sólo te prefieres a ti mismo, jamás entenderás que es ser, por amor, nuestra unión. Te quedará en el ego solitario.

Temáticas: Indisolubilidad