Jesús no vino a condenar, sino a salvar

Jesús no vino a condenar, sino a salvar

Rosario García Naranjo

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Jesús no vino a condenar, sino a salvar. Uno a uno, no en manada colectiva. Jesús es uno, no muchos y a la carta. A cada uno le encuentra y encamina desde sus particulares circunstancias.

Fragmento Original

“… un juicio negativo sobre una situación objetiva no implica un juicio sobre la imputabilidad o la culpabilidad de la persona involucrada. (…) “En determinadas circunstancias, las personas encuentran grandes dificultades para actuar de modo diverso (…) el discernimiento pastoral, aun teniendo en cuenta la conciencia rectamente formada de las personas, debe hacerse cargo de estas situaciones. Tampoco las consecuencias de los actos realizados son necesariamente las mismas en todos los casos.” (La alegría del amor, n. 302)

Comentario

Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida, es uno. No es muchos, diferentes y hasta contradictorios entre sí. El único Jesús, como es patente en los evangelios, se hace encontradizo con muy diferentes personas acercándose a las circunstancias particulares las sus vidas de cada una: la adúltera, los leprosos, la samaritana, Zaqueo, el lisiado, el ciego, la hemorroisa…a la singularidad de cada enfermo. Jesucristo nunca dijo que una enfermedad o un mal moral fueran salud o un bien. Se acercó personalmente a cada vida ofreciéndole el camino de mejora y curación concretas al caso.

Graciela y Ramiro tuvieron una hija antes de casarse. Poco después del nacimiento del bebe contrajeron matrimonio civil.  Ella quería casarse también por la iglesia y comenzaron a hacer los trámites, pero Ramiro perdió el trabajo. Ante esta situación, Ramiro decidió posponer el matrimonio. Graciela, sin embargo, comenta en la consulta que tiene mucha ilusión en casarse por la iglesia. Ramiro ya encontró trabajo y prefiere pagar antes unas deudas que tienen y luego pensar en el matrimonio religioso. Otra cosa que le preocupa a ella es lo que su familia piensa de esta situación. Para despejar dudas, Graciela conversó con sus padres y con sus hermanos. La respuesta que recibió le dio mucha esperanza. En resumen, esta respuesta fue: “Tú eres nuestra Graciela, nuestra hija/hermana y eres una linda chica. Vales oro. Somos conscientes de lo que te estás sacrificando por la crianza de tu hijita. No te podemos decir que nos da igual si te casas o no por la iglesia, pero, al margen de eso estás tú, a quien queremos siempre, de la misma manera, y quien sabemos que vale oro.”

Temáticas: Esperanza