Se ama a una persona concreta

Se ama a una persona concreta

Mariela Briceño

EspañolEspañol | English English

La unión y la felicidad del matrimonio viene de adentro del marido y la mujer. No de afuera. Brota de su amor vivido en la realidad del cada día. No de la utopía de una doctrina abstracta. Las ideas no aman. Un pollo pensado no alimenta, ni sacia ningún hambre. Y el amor pensado tampoco.

Fragmento Original

“… hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, lejano a la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales (…) no ha hecho que el matrimonio sea más deseable y atractivo, sino todo lo contrario” (La alegría del amor, n. 36)

Comentario

Amar es amar a alguien concreto, real, que está aquí y ahora a nuestro lado. El amor conyugal real es el que cada marido y mujer encarnan, con alegría o con sacrificio y esfuerzo, en cada aquí y ahora, aceptándose y acogiéndose en concreto.

Hablando con propiedad, no existe propiamente el matrimonio, como tampoco existe la persona, salvo en la mente como ideas abstractas. En la realidad auténtica, lo que existe es cada persona singular y única, tú y yo concretos e irrepetibles. Lo mismo con el matrimonio. El real, el que de veras existe y vive, es el concreto y singular, el de cada esposo y esposa particulares.

Cada matrimonio, como cada una de nuestras personas –la tuya y la mía–, tiene su propia y singular historia. La escriben juntos este marido y esta mujer. Ambos tienen que conservar su propia y particular unión conyugal, hacerla crecer, restaurar su salud y cansancios. ¿En dónde? En los espacios y tiempos suyos, en medio de las circunstancias ordinarias de su vida cotidiana.

Podríamos vivir en aquella alienada simplonería de creer que el matrimonio es una institución externa y genérica, una estructura y funciones que formula una doctrina en forma de patrón uniforme y talla única. Como si bastase con ser partidarios en la mente de ese patrón doctrinal, al margen de vivirlo en concreto en la realidad de todos los días. Podríamos ser tan estúpidos, en tales casos, de quejarnos de que ese matrimonio –estructura doctrinal externa y abstracta– no funcione y preguntarnos, sorprendidos, por qué será.

Las nuevas generaciones deben recibir el matrimonio y su vida de unión como una historia de amor concreto, real, posible y atractivo. Es uno de los grandes retos de nuestro tiempo.  Un desafío de la educación y el testimonio ejemplar de sus padres y de sus mayores.

Doctrinarismos con vacíos vitales, con ejemplos de hipocresía, con fallas ostensibles en el amarse, han desvirtuado la riqueza del amor conyugal y del matrimonio. Han originado mucha confusión, temor y poca esperanza en lograrlo vivir. Las caricaturas de matrimonio y familia, sus conflictos, infidelidades y divorcios, ha ocasionado que muchos opten por otras formas de unión, donde no hay menos fracasos, que tampoco les enriquecen ni ayudan a un desarrollo integral de sus personas.

Temáticas: Conyugalidad