Reserva la mejor versión de ti para tu hogar

Reserva la mejor versión de ti para tu hogar

Pedro Juan Viladrich

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Hay quien le da todo a su familia, menos espacio y tiempo. No llegues extenuado y vacío a casa. Guarda lo mejor de ti mismo para tu hogar.

Fragmento Original

“…muchos se han referido a la función educativa, que se ve dificultada, entre otras causas, porque los padres llegan a su casa cansados y sin ganas de conversar, en muchas familias ya ni siquiera existe el hábito de comer juntos, y crece una gran variedad de formas de distracción además de la adicción a la televisión” (La alegría del amor, n.50).

Comentario

Una constante en la experiencia de terapia familiar es que los conflictos, las desavenencias, la incomunicación y las desuniones y otros trastornos no caen del cielo sin avisar. Son procesos que vienen de lejos. Descuidamos la convivencia y la comunicación en casa. Y al mismo tiempo, para nuestros agobios, estrés, soledades, cansancios y frustraciones, les exigimos a nuestros familiares una cura fulminante y milagrosa. Si no sembramos convivencia, con sus necesarios espacios y tiempos, no podemos cosechar compañía, confidencia, confianza, comunicación fluida.

Tuve un paciente que me contó el siguiente enfado y decepción. Su hijo de 18 años, justo el primer año de Universidad, tenía una novia con la que pasaba la mayor parte del tiempo y casi no aparecía por casa. Su padre le citó para tratar el asunto. De mala gana, el muchacho acudió. El padre empezó con un: “me dicen que tienes novia…, eres demasiado joven, sin experiencia, vas a sufrir… ¿por qué no me cuentas?”.  Respuesta: ¿Qué te cuente…? Pero qué te ocurre, papá… En los últimos años, no hemos hablado nunca de mis cosas… Siempre estás ocupado, tu trabajo, tus amigos, tus hobbies… ¿Y ahora, a un desconocido, le tengo que contar mi vida íntima?”. El padre, ante esa actitud y reproche, se levantó y, muy ofendido, “engrasó” la comunicación con su hijo con estas desafortunadas  palabras: “¿Eres un desagradecido…, que vive a mi costa? Ya vendrás cuando te estrelles y necesites dinero…”. La reacción del padre fue un tiro de gracia en la nuca –en la confianza y confidencia– del hijo.

¿Qué decir ante estas situaciones? Son frecuentes. Creemos que lo damos todo a nuestra familia –cónyuges, hijos…–, porque nos pasamos la vida trabajando para ellos; pero les hemos sido tacaños con nuestro tiempo durante demasiado tiempo.  La confianza, el ascendiente y la confidencia íntimas entre padres e hijos –y entre esposos– no se improvisa, se siembra a tiempo, con constancia y paciencia. Conviviendo con los que amas. Guardando para ellos espacios y tiempos. Darles esos espacios y tiempos, no te engañes, es darles a ti mismo, tal vez lo mejor de ti mismo en cuanto marido y padre amante. La confianza es un hábito. No un acto pasajero e inusual.

Temáticas: Vida familiar