La violencia rompe el amor

La violencia rompe el amor

Pedro Juan Viladrich

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Una mentira mortal: decir que si te maltrato y abuso de ti es… porque te amo. ¡No engañes, ni te engañes! El violento mutila las intimidades y asesina al amor.

Fragmento Original

“…hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social… Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas” (La alegría del amor, n.51).

Comentario

Una familia que, en vez de serlo, es violencias, maltratos y abusos…, es un infierno para sus miembros y una fuente tóxica para la sociedad. ¡No te engañes: los insultos, los gritos, las faltas de respeto son formas de la violencia y del abuso! Matan la confianza y la cercanía íntimas. La violencia es tiranía.

Francisco, recogiendo un texto de los obispos mexicanos, enumera unas lacras que la experiencia clínica confirma: las familias violentas, conflictivas, con hábitos hostiles e insolidarios son matrices de grandes perturbaciones en las personalidades de los hijos y en sus conductas futuras.

Aconsejo releer ese listado: cada síntoma. Lo más probable es que, al hacerlo, caigamos en cuenta de que disfrutamos de una familia sin esas lacras. Mejor, así la valoraremos más y nos motivará a conservar esa riqueza, pues de nuestra conducta depende crearla y desarrollarla. Tal vez, cuando mucho, pensemos que en la nuestra los síntomas son leves y esporádicos. Y concluyamos que esas alarmas son para otras familias.

De acuerdo. Pero… ¡Sé honesto y humilde si de veras quieres mejorar! ¿Se insulta en casa?, ¿utilizas las amenazas, los castigos, el temor o, incluso la violencia física, como habitual arma para mandar?, ¿tus hijos te ven gritar o insultar a tu marido o a tu esposa?, ¿gritas, insultas o pegas a tus hijos?, ¿se tratan, en su intimidad o delante de ellos, con aquel respeto y consideración que reclama el verdadero amor conyugal: ternura, afabilidad, buen humor, paciencia, templanza de carácter, intenciones limpias y positivas… ¿Podrías rebajar, en una dosis, los hábitos violentos, agrios, dominantes…?, que son formas, tal vez no dramáticas ni supremas, del maltrato, las violencias, los recelos, desconfianzas, insolidaridades, resentimientos… Hacen un enorme daño a los hijos. Ahora y a su futuro. Más del que puedes imaginar.

Y no te engañes: los maltratos y las violencias, en cualquiera de sus formas, son incompatibles con el amor.  No cometas el fatídico error –una tóxica mentira– de justificarte en las limitaciones y defectos de tu cónyuge o de tus hijos, trasladándoles las culpas de tus gritos, violencias y maltratos. Quien ama…, cuida, levanta, disculpa, respeta y ayuda a sus amados. No los violenta, ni les mata el amor.

Temáticas: Violencia Familiar